La actitud de agradecer tiene que ver con recibir lo que viene de fuera, lo que me trae la vida y apreciarlo como algo positivo y bueno para mí. Percibir las cosas que hay buenas en mi vida o lo que ocurre de bueno en mí, hace que me sienta afortunada y contenta con mi existencia.
Por otro lado, agradecer -a otro, a Dios, a la vida, a la propia existencia- me sitúa en el presente, en lo real. No me voy a pensar en historias pasadas o agobios del futuro. Vivo ese momento y lo disfruto. Agradecer va unido a sentir y percibir con los sentidos.
Además, al menos durante el momento en que doy las gracias y me siento agradecida, no estoy pensando en mis desdichas o quejándome de lo que no tengo. Pongo mi atención en lo positivo y no me cargo de pesimismo. Como ves, lo de poner buena cara a la vida es una decisión personal; está en tu mano elegir lo bueno que tienes y desterrar lo negativo.